miércoles

COMO CONQUISTAR EL AMOR DE LA MADRE DIVINA YOGANANDA

COMO CONQUISTAR EL AMOR DE LA MADRE DIVINA

YOGANANDA
 Si con toda sinceridad os determináis a rectificar vuestros errores, y apeláis a Dios como Madre, Ella cede rápidamente, pues habéis recurrido a su ternura y a su amor incondicional. Al adorar a la Madre podréis decirle cara a cara: Divina Madre, bueno o malo, soy tu hijo. Puedo haber permanecido sumido en el mal durante muchas encarnaciones, pero ¿debo pagar todo aquel karma de acuerdo a la ley? ¡no puedo esperar tanto para llegar a Tu presencia! ¡Madre perdóname! Después de todo soy tu hijo. Lo que he hecho, hecho está, todo ha pasado ya y no lo volveré a hacer.

La Madre Divina dirá entonces: has sido rebelde, apártate de mí, más vosotros responderéis: ¡Tu eres mi Madre Divina y tienes que perdonarme! Tal vez la Madre Divina sugerirá: Pídeme la salvación y te la daré, pídeme sabiduría y te la concederé, mas no me pidas mi amor, pues si te lo llevas, me quedaré sin nada. Mas si aún así el devoto exclama: ¨!Madre, yo solo quiero tu amor!, entonces la Madre divina responderá: puesto que eres mi hijo y me has dicho que soy tu madre ¿cómo no habría yo de perdonarte?, y os entrega Ella su última posesión: su amor Divino.

Así pues, si tenéis debilidades, si habéis fracasado en vuestra lucha contra la tentación, no desesperéis. Recordad que ante Dios, todos somos pecadores. No obstante un santo, no es sino un pecador que jamás se dio por vencido. Y podéis convertiros en santos si perseveráis en vuestros esfuerzos, hasta que recibáis el amor incondicional de Dios.

EL PODER DE LA DEVOCIÓN DE UN SANTO
En India, solía yo visitar con frecuencia a cierto santo. La primera ocasión en que acudí a él, debí aguardar en silencio durante cierto tiempo, pues me dijo : ¨estoy conversando con la Madre Divina¨. ¡El era tan grande, y no obstante tan dulce y sencillo!. Su apariencia entera irradiaba el amor de la Madre Divina, y cuando me encontraba en su presencia, aquellas vibraciones anegaban todo mi ser. Cada vez que le veía conversando con la Madre Divina, sentía en mi corazón un amor infinitamente mayor, que aquel que había experimentado jamás hacia mi madre terrenal. Me es imposible describir tal emoción, sentía que no podría continuar existiendo un solo momento más, sin la presencia de mi Madre Divina.

En cierta ocasión , acudí a éste santo con la siguiente pregunta : ¿Cómo es posible que usted comulgue con la Madre Divina, mientras que yo no puedo hacerlo?. Le ruego que le pregunte a Ella, si me ama, ¡debo saberlo! Yo no siento su amor en el presente, mas quiero llegar a Ella. ¡Debo saber si Ella me ama!... Luego de insistir largamente, obtuve finalmente la siguiente la siguiente respuesta del santo: está bien, se lo preguntaré.

Aquella misma noche tuve una maravillosa experiencia, la cual atesoré silenciosamente en mi interior. Uno o dos días más tarde visité nuevamente al santo, cuyos ojos entornados vagaban en las selvas del infinito, rebosando un amor incomparable. Jamás he visto semejante amor a Dios en la mayoría de los misioneros que acuden a la India a salvar a los herejes, . Pero he visto también muchos sacerdotes y maestros hindúes desprovistos de tal amor. No obstante he encontrado, ocasionalmente grandes maestros, en cuyos ojos he percibido el fulgor de Dios. Yo solía prosternarme a los pies de éste dulce santo, pues sabía que la Madre Divina sonreía en su ser.

Así pues , al acudir a él, le pregunté : ¿qué dijo la Madre Divina acerca de mi?¨, pícaro muchachito, pícaro muchachito", respondió él.
¿qué dijo la Madre Divina? Insistí yo, usted me prometió darme una respuesta ¿qué dijo Ella?
Mas el santo repitió solamente : pícaro muchachito.

Comprendí que él podía ver mi interior, y sabía que yo estaba ocultando mis pensamientos, con el objeto de comprobar si la experiencia que había tenido era real o no. No obstante, insistí una vez más: ¡¨usted, me lo prometió! ¿ a que se debe que vosotros los santos seáis siempre tan enigmáticos?

Entonces él respondió: ¨has venido a ponerme a prueba?, eso no está bien, ¿no acudió acaso la Madre Divina a ti la noche anterior, en la forma de una hermosísima madre, diciéndote : ¨Yogananda, siempre te he amado,

¡Que difícil me fue entonces controlar mi alegría! Un gozo inefable se apoderó de mi ser entero. Había yo estado meditando durante todo el día, hasta que escuché aquella respuesta, y cuando acudí al santo y oí de sus labios aquellas mismas palabras ¿qué podía yo pensar? Solo una cosa, mi madre había respondido verdaderamente.

Cuando éste santo hablaba, se asemejaba a un niño pequeño. En sus ojos refulgía la luz de los ojos de la Madre Divina. ¨Quien quiera que la busque, la encontrará, decía él. Mas es necesario hacer el esfuerzo. Cada vez que pienso en él, un hondo arrobamiento se apodera de mi alma entera, y mi corazón se inunda de un amor tal, que me es imposible continuar hablando. El me dijo que mi Maestro vendría a mí más tarde, y entretanto me enseñó la senda del amor a Dios.

Posteriormente mi Maestro habría de enseñarme la vía de la sabiduría. Aquella combinación me aportó lo que yo necesitaba, la completa manifestación de Dios como Padre-Madre.

Cada vez que deseo ver a Dios como la Madre Divina, pienso en su amor y en como perdona Ella a todos. Es un maravilloso privilegio el poder amar a Dios en cualquier aspecto suyo que nos sea más necesario, como Padre cuando buscamos la sabiduría y como Madre cuando necesitamos de su perdón. En éste último caso podemos decirle:

¨Madre, todo cuanto puedo darte es el inconmensurable amor de mi corazón. Tu sabes que te amo más que a todos los dones que me has dado ¿cómo puedes mantenerte apartada de mí? Haced de ésta vuestra continua oración.
Cuando descubráis que ya no os interesa tanto vuestro alimento, vestimenta, ni posesiones , cuando todas las cosas relacionadas con éstos asuntos comiencen a desvanecerse en vuestra conciencia, sabréis entonces que os estáis aproximando más y más a Dios. Y si tan solo una vez sentís en vuestro corazón aquel amor que es el amor paterno y materno, el amor filial y el amor del amante y del amado, sabréis que sois uno con el amor de Dios.